sábado, 14 de noviembre de 2009

Sequía ‘agrieta’ economías de Manabí y Esmeraldas



EL UNIVERSO
Argemiro Cedeño no habla mucho. Pero el semblante le cambia a preocupación cuando le tocan el tema de la sequía. “Lo único que hago es regar las plantas, pero ya no tengo fuerzas...”, dice el agricultor de 57 años y dueño de una parcela en El Guarango, en Rocafuerte.

Cedeño consta como uno de los 21.945 agricultores afectados por la sequía en Manabí, según un censo que efectuó a mediados de este año el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (Magap) por el irregular invierno pasado.

El agricultor confió en que llovería, por ello sembró nuevamente, pero eso no ocurrió. Hoy recoge melones del tamaño de una naranja y observa cómo se seca su maíz.

El censo arrojó cifras alarmantes para Manabí: 16.644 hectáreas perdidas y otras 346.384 afectadas, lo que generó pérdidas de $ 21 millones.

Según informes del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi), la sequía se atribuye a la alta presión atmosférica, producto de un fenómeno denominado Alta Subtropical del Caribe, que impide el desarrollo de la humedad y la formación de nubes que se traduzcan en lluvias.

FOTO DIARIO EL UNIVERSO.- El río está casi seco.



Este fenómeno ha golpeado a distintos sectores del país, pero con mayor fuerza en el norte de Manabí y sur de Esmeraldas, situación que llevó a la primera a declararse en emergencia.

En Manabí, el sector ganadero es uno de los más afectados. Se estima que hay 850 mil hectáreas de potreros que alimentan a 1,1 millones de reses.

En abril se calculó que la afectación de pastizales superaba el 35% del total del área de consumo, pero se considera que esta se ha duplicado.

Esto se traduce en que hasta hace dos meses Manabí producía diariamente 1,2 millones de litros de leche, pero ahora solo genera 250 mil litros.

Esto es una baja del 80% de lo que se recolectaba antes, sostiene Luigi Zambrano, presidente de la Federación Nacional de Cámaras de Agricultura.

“El Ministro (Ramón Espinel) hace un llamado a los ganaderos a que movilicen sus vacas a lugares donde haya pastura fresca y agua, pero queremos saber dónde está ese Edén”, expresa Zambrano.

En el primer semestre Gunther Andrade, subsecretario del Magap en Manabí y Esmeraldas, solicitó al entonces ministro Walter Poveda recursos para obras como la construcción de albarradas, tapes de río, rehabilitación de pozos y otras.

Poveda aceptó el pedido y recomendó asignar $ 31,7 millones para estas y otras cinco provincias del país.

Pero han pasado cinco meses y de los $ 10 millones que correspondían a Manabí aún no se ha enviado ni un centavo para las obras que se requieren en trece de los 22 cantones de la provincia, asegura Andrade.

El funcionario del Magap añade que debe ahora lidiar con la gobernadora María Luisa Moreno, a quien la Presidencia de la República le dispuso el pasado 18 de septiembre que coordine las acciones a emprender por la sequía.

Zambrano lamenta que aún no se haya producido una reunión de coordinación, pese a los pedidos de los alcaldes, ya que el problema no solo es para el agro, sino en el abastecimiento de agua potable.

Por si fuera poco, la situación se ahondaría si los directivos de la Corporación Reguladora del Manejo Hídrico de Manabí (CRM) deciden racionar la entrega de agua para riego, debido a que las lluvias no se presentan y, por tanto, la presa Poza Honda no podría abastecer de líquido para ese objetivo.

Según Xavier Valencia, de la CRM, actualmente la presa tiene un volumen de 66 millones de m³ de agua, de los cuales solo 50 millones son utilizables, con lo cual está abastecida la dotación de líquido para consumo humano y riego hasta la segunda semana de enero, pero de no llover se limitaría primero la entrega de agua para el riego.

Normalmente la presa Poza Honda tiene una capacidad de 100 millones de m³.

Pero, tal como pasa en Manabí, en el sur de Esmeraldas la situación es desesperante para el sector agropecuario que asegura estar al borde de la quiebra.

Incluso, el tráfico de reses hacia Colombia de manera ilegal, a través del río Mataje, en el cantón San Lorenzo, era una de las alternativas, pero en el vecino país ya no quieren comprar ganado por la poca demanda del mercado.

“El pasto está seco, por eso cambiamos la alimentación y ahora le damos palmiste (derivado de la palma africana) y melaza, que compramos en las extractoras de aceite de palma”, explica Horacio Moreira, presidente de la Corporación de Ganaderos de Esmeraldas.

Sin embargo, esta alternativa de alimentación está en problemas, pues la falta de lluvia también afecta a las plantaciones de palma africana, lo que ha derivado en una disminución de la producción y el palmiste no alcanza para alimentar una población ganadera estimada en más de 400.000 reses.

El sector ganadero pide créditos y capacitación para emprender proyectos que permitan deshidratar el pasto y almacenarlo hasta dos años sin que pierda sus propiedades nutritivas. “Queremos producir heno para alimentar a las reses, así como se lo hace en otros países del mundo”, explica.

El Magap, a través del director técnico para Esmeraldas, Hernán Rivadeneira, señala que se elabora un informe sobre las afectaciones del sector productivo, agrícola, ganadero y pesquero, cuyos resultados aún no están disponibles.

Mientras eso ocurre, en Timbre, una zona ganadera y agrícola a 35 kilómetros de Esmeraldas, los propietarios de fincas construyen muros para almacenar la poca agua de algunos esteros, produciendo que se seque en otros sectores y estos se vean afectados.

Estragos: En Provincias
Manabí
Hace más de un mes la libra de queso en los mercados manabitas valía $ 1,50, pero ahora cuesta $ 2,40.

Azuay
Esta provincia también está afectada por la sequía. Al menos mil hectáreas de bosque cercano a Cuenca se han quemado por el fuerte sol. También los afluentes del río Paute están secos, lo que derivó en el estiaje de la central hidroeléctrica, que provoca los actuales racionamientos de energía eléctrica.

Tungurahua
Según Fabián Valencia, director del Magap, el 25% de la agricultura está perjudicada. Se registran problemas en los cultivos sensibles como la papa, maíz y frutales.

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